Bedsurfing: La peligrosa moda de cambiar sexo por alojamiento

27 abril, 2017 - Miguel Á. Palomo

Navegando en la cama (Håkan Dahlström, Foter)
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Bedsurfing: La peligrosa moda de cambiar sexo por alojamiento

El Bedsurfing una de las caras oscuras de un tipo de hospitalidad en principio relacionada con la economía colaborativa. Los modelos viajeros han cambiado en los últimos años y en el escenario del sector turístico conviven ya muy diferentes agentes, desde los más convencionales como pueden ser los hoteles a los fenómenos peer-to-peer, sin intermediarios a la antigua usanza. En este campo se mueven plataformas como CouchSurfing, nacida en San Francisco hace unos años al hilo del boom de estas empresas “liberadoras” de viejas ataduras. Viajas a una ciudad y te alojas en una casa en la que tu anfitrión te deja dormir en su sofá.

Chica usando un ordenador (Zyabich, iStock)

Chica usando un ordenador (Zyabich, iStock)

Pero esta nueva tipología de viaje, fomentada desde lemas como “alójese con lugareños y conozca a viajeros”, no siempre puede evitar que el surf del sofá se transforme en una suerte de intercambio sexual de alto riesgo. Por mucho que estos sites pretendan garantizar la fiabilidad de sus usuarios a través de referencias, valoraciones y niveles de verificación, se siguen dando casos en los que la polémica está servida o, directamente, en los que se produce un aprovechamiento del modelo en favor de una especie de cacería subterránea en busca de presas fáciles.

Mujer durmiendo en un sofá (Wavebreakmedia, iStock)

Mujer durmiendo en un sofá (Wavebreakmedia, iStock)

Desde el escándalo protagonizado por la estudiante saigonesa Ju Peng, que se valía de una red social china para hacer turismo por el país ofreciendo sexo a cambio de alojamiento y manutención, a distintos encontronazos desagradables de usuarios y usuarias que, de manera inocente, se plantan en las casas de sus anfitriones sin saber el tipo de proposiciones de las que iban a ser objetos.

Muchas veces este Bedsurfing funciona con rumurología. Se alimenta la creencia de que un tipo de nacionalidad o determinados usuarios son más propicios a este tipo de intercambio. Se extiende la idea de que, en según qué países y con según qué huéspedes, el sexo está garantizado. Por eso, hay que extremar la vigilancia si se viaja haciendo uso de algunos sistemas que, si bien son más económicos y se inclinan por vivencias más genuinas, pueden salir caros.

Navegando en la cama (Håkan Dahlström, Foter)

Navegando en la cama (Håkan Dahlström, Foter)

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