Bienvenidos a la isla prohibida

18 diciembre, 2015 - Jordi Pastor

isla prohibida flickr
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Bienvenidos a la isla prohibida

Parece idílica, pero no lo es. La foto aérea de esta isla parece mostrar uno de esos paraísos naturales que flotan en mares cálidos; perdido y felizmente aislado. Desde arriba, Sentinel del Norte, que así se llama, se vislumbra como un islote paradisiaco de catálogo, con playas de arena blanca y fina, brillantes aguas de un turquesa arrebatador y un interior verde y espeso que responde a una frondosa vegetación tropical. Un pequeño edén en el que a nadie le importaría desconectarse del mundo durante unos días. Pues bien, eso es precisamente lo que han logrado hasta ahora quienes la habitan, una misteriosa tribu nativa: permanecer desconectados del mundo desde hace siglos, incluso milenios.

Vista aérea de Sentinel del Norte. / Foto: NASA

Resulta extraño, y seductor a la vez –especialmente para aquellos de alma aventurera–, que en nuestro planeta quede todavía algún reducto de tierra por descubrir. Pues existe, y no es aquella pequeña e irreductible aldea gala de los cómics de Goscinny y Uderzo. Se trata de una pequeña isla del mar de Andamán –apenas tiene ocho kilómetros a lo ancho– bautizada como Sentinel del Norte y ubicada en el golfo de Bengala, que flota como a la deriva en pleno océano Índico, aislada del mundo. Integrada en el grupo de las Andamán, este pequeño islote al oeste del archipiélago ha permanecido ajeno a cualquier intento de desembarco –premeditado o no– desde hace siglos. ¿La razón? La ferocidad de la comunidad indígena que la habita, según los expertos, desde 60.000 años. La tribu perdida a la que se refiere un reciente reportaje del diario británico Daily Mail ha conservado la isla intacta a incursiones del exterior, y apenas se conoce y se tienen imágenes de su interior.

Los bravos e irreductibles sentineleses, cuyas tradiciones, lengua, etnia o religión se desconocen, han reaccionado siempre de la misma forma ante cuantos trataron de poner un pie en la arena de sus playas: atacando violentamente con arcos, flechas y lanzas al forastero. Lo hicieron ya con uno de los viajeros más famosos de la historia, Marco Polo, en el siglo XIII; al parecer, el mercader italiano dejó constancia por escrito sobre cómo reaccionaron los nativos de la isla: cualquier que osase desembarcar en ella sería asesinado y servido en el plato.

Más recientemente, a finales de los años 60, las autoridades de Port Blair, la ciudad más importante del archipiélago, intentaron otro acercamiento a base de regalos y prebendas. Obtuvieron siempre la misma respuesta desde la orilla: flechazos y lanzadas. Esta política de acercamiento que facilitase un estudio antropológico de la isla y sus pobladores continuó en los 70 y en los 90, pero siempre con igual resultado. Es la principal costumbre que se conoce de los sentineleses: siempre reaccionan igual ante cualquier intento de intrusismo en su territorio, aunque sea accidental. Los conocidos casos de embarcaciones que encallaron en sus costas –especialmente el de un carguero chino en los años 80 y el de un pequeño barco de pescadores locales ya en 2006– acabaron igual: con un feroz ataque y, en el caso de los segundos, el peor de los desenlaces. Sus cuerpos sin vida fueron avistados desde la distancia en una de las playas y nada se pudo hacer por recuperarlos. Un trágico suceso que evidenció, por otra parte, que los nativos de esta pequeña ínsula sobrevivieron al gran tsunami de 2004, que afectó gravemente a al islote.

La comprobó la tripulación de un helicóptero de rescate y ayuda humanitaria que sobrevoló Sentinel del Norte unos días después de la gran ola. Hallaron, efectivamente, presencia humana en la isla: la de dos guerreros disparando flechas y lanzando piedras al aparato. Así que, miles de años después, la respuesta de los nativos sigue siendo la misma, quieren que les dejen en paz. Al parecer, es lo que ha decidido el gobierno de India, país al que, políticamente pertenece Sentinel: reducir al máximo cualquier tipo de acercamiento. Incuso se estableció una zona de exclusión alrededor del islote, el último reducto numantino de nuestro tiempo, pero en clave exótica. Los misterios de la isla prohibida permanecerán, de momento, intactos.

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