Conoce el columpio del fin del mundo

13 enero, 2017 - Miguel Á. Palomo

Columpio del fin del mundo (Freejpg.com.ar, Foter)
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Sentimos defraudaros: este invento no ha salido de la mente de Bart Simpson. ¡Pero podría!

Swing at the End of the World, Baños, Ecuador (Rinaldo W., Foter)

Swing at the End of the World, Baños, Ecuador (Rinaldo W., Foter)

Antes de nada, situémonos: estamos en Ecuador, en su cordillera central dentro de la provincia de Tungurahua, en la comunidad Santa Rosa de Runtún, al sur de Baños de Agua Santa. Muchos datos, sí, pero lo importante es saber que llegar a este punto de impresionante paisaje natural, tras un buen paseo campo a través, significa posicionarnos a 2.260 metros sobre el nivel del mar. No está mal.

Columpio del fin del mundo (Freejpg.com.ar, Foter)

Columpio del fin del mundo (Freejpg.com.ar, Foter)

Una vez orientados conocemos la historia de la Casa del Árbol, en realidad un precario puesto de vigilancia dentro de la estación de vigilancia sísmica del volcán Tungurahua, y es que da la casualidad de que está activo desde el año 1999. No es un juguete entonces, ni una atracción infantil. Sirve supuestamente para algo.

Swing at the End of the World, Baños, Ecuador (Rinaldo W., Foter)

Swing at the End of the World, Baños, Ecuador (Rinaldo W., Foter)

Con el fin de sacar más partido al pintoresco lugar, a la imagen típica de una casita en la copa de un árbol, que además se enfrenta al vacío y con un volcán de por medio, se les ocurrió añadir la instalación mediante sogas y poleas de un columpio la mar de básico y rudimentario capaz de atraer a curiosos. Y ya de paso, con el gancho de un nombre tan redondo como el columpio del fin del mundo, ganar un dólar por turista.

Swing at the End of the World, Baños, Ecuador (Rinaldo W., Foter)

Swing at the End of the World, Baños, Ecuador (Rinaldo W., Foter)

Pero ojo, como suele pasar con casi todas estas cosas, la promesa tiene truco. Y es que, de acuerdo que las vistas son, con permiso de la niebla, más que privilegiadas, pero tanto como fin del mundo… El balanceo no se realiza sobre la vertical del precipicio de 30 metros, sino sobre una pendiente menos mortal, aunque pronunciada y bueno, sí, vertiginosa. No quita que ya que has llegado hasta el fin del mundo no te puedas permitir montar en un columpio algo diferente a los que todo hijo de vecino se acostumbró de pequeño. Sólo por eso la excursión merece la pena. Y, por si acaso, más vale agarrarse con fuerza, no vaya a ser…

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