Descubre el nexo entre la prostitución y la iglesia en Amsterdam

27 octubre, 2016 - David García

Amsterdam (iStock)
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Hay dos cosas que se nos vienen a la cabeza cuando hablamos de Amsterdam: la prostitución y la marihuana. Y no, no tiene por qué ser como algo negativo. Para cualquier ciudad, todo eso estaría ligado a ciertos niveles de delincuencia o inseguridad. No es el caso de la capital holandesa, donde precisamente ambas son las razones por las que miles de turistas visitan la ciudad cada año.

El caso de la prostitución es curioso en Holanda, donde es legal en más de una decena de ciudades. En Amsterdam, el ‘boom’ de la prostitución llegó en el siglo XIII, cuando la ciudad se configuró como uno de los puertos de mercancías más importantes de Europa y eso significaba que cientos de marineros llegarían con ganas de amar y ser amados.

Luces en los escaparates. Ssviluppo (iStock)

Luces en los escaparates. Ssviluppo (iStock)

Por eso, decenas de mujeres decidieron entregarse a esos marineros a cambio de cierta cantidad de dinero. Vamos, la prostitución de toda la vida.

Cierto es que la idea no era novedosa. En otras ciudades comerciales y de carácter portuario también ocurrió lo mismo pero con una salvedad: Amsterdam en cierto modo regularizó la actividad. Lo hizo de manera oficial en 1911.

La prostitución en Amsterdam está concentrada en el archiconocido ‘Barrio Rojo’. Seguro que aunque no hayáis visitado aún la ciudad, conocéis de sobra el barrio.

En el se concentran todas las prostitutas pero no en la calle. Están en los escaparates, con esa luz roja tan característica que da nombre al barrio (azul en el caso de que la prostituta sea una travesti).

Todas ellas pagan religiosamente sus impuestos y el alquiler de ese escaparate/habitación. Eso es lo que hace especial al Barrio Rojo y a la prostitución en Amsterdam si se compara con el resto del mundo.

Y claro… allí donde está el pecado, está también la Iglesia. También en el Barrio Rojo, que obviamente alberga algunos templos que merece la pena visitar como la Oude Kerk, la ‘iglesia del Barrio Rojo’.

Escaparates en el Barrio Rojo de Amsterdam. Massimo Catarinella (iStock)

Escaparates en el Barrio Rojo de Amsterdam. Massimo Catarinella (iStock)

Y es que aunque puedan parecer muy lejanos y antagónicos, Iglesia y prostitución están más cercanos de lo que podamos pensar en Amsterdam.

Como decimos, cuando los marineros desembarcaban en Amsterdam, el sexo y el alcohol inundaban las calles de Barrio Rojo. Pecado en definitiva que la Iglesia de algún modo tenía que atajar, por lo que se estableció allí con el objetivo de paliar ese círculo vicioso.

No creemos que lo consiguieran, pero lo que sí hicieron fue al menos hacer que los participantes en esas prácticas se sintieran mejor, puesto que después de cometer esos pecados lo primero que hacían era acudir a la Iglesia a confesarse.

La situación llegó a ser tal, que poco a poco esas confesiones se hacían con carácter previo. Es decir, los marineros se confesaban de manera preventiva por los pecados que sabían que iban a cometer.

A todo esto, esas absoluciones (a posteriori o a priori, da igual) no eran gratuitas. La Iglesia cobraba un canon a esos marineros si querían que los absolviesen.

Farolas características en el Barrio Rojo de Amsterdam. Toxawww (iStock)

Farolas características en el Barrio Rojo de Amsterdam. Toxawww (iStock)

Todos ganaban con el negocio por tanto.

Hoy las iglesias siguen estando en el barrio pero seguro que esas prácticas ya no se realizan.

Pero… ¿podríamos decir que la Iglesia contribuyó en su momento al desarrollo de la prostitución en el Barrio Rojo de Amsterdam?

Ahí dejamos el debate y os animamos a que visitéis la ciudad y el Barrio Rojo, ya que no podréis ver muchas fotos de sus calles y escaparates (está prohibido hacerlas).

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