Los 10 restaurantes clandestinos que no sabías que existían en España

3 octubre, 2016 - Miguel Á. Palomo

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Los 10 restaurantes clandestinos que no sabías que existían en España

A todos nos gusta demostrar conocimientos urbanos y hacer de guía en el mapa secreto de las ciudades. Hay lugares que están en la superficie y otros que, aunque corren de boca en boca, permanecen casi en el anonimato, pasan desapercibidos, se ocultan del pueblo pues su exclusividad underground es la garantía de su éxito. Muchos surgen como recuerdo de los speakeasy de principios del siglo pasado, cuando la clandestinidad se vestía de elegancia, música en directo y alcohol de dudosa procedencia. Otros simplemente se apuntan a la tendencia pop up y están siempre pendientes de un chivatazo. Con contraseña o sin ella, abiertos a socios o al más rápido en su conquista, clubes semisecretos o espacios reservados de única mesa, estos son nuestros 10 restaurantes clandestinos.

1. Rooftop Smokehouse, Barcelona

Concepto itinerante. Un grupo de chefs y creativos montan un tinglado de experimentación culinaria desde un punto de vista artesano en el que reivindican los productos ahumados. Un food truck y un servicio de catering son las armas con las que aparecen en todo tipo de eventos y fiestas siempre humeantes. Cuidado, igual se han subido a tu azotea…

Rooftop Smokehouse

2. El Escondido, Madrid

Fiel a la ortodoxia clandestina, el restaurante La Contraseña de la calle Ponzano recrea con decoración retro todos los guiños de la esencia speakeasy: el mismo nombre del local, una decoración también autorreferencial y un espacio secreto a añadir a la barra de gintonics, la sala y el patio. Para acceder a él, el maitre guía al comensal a través de las cocinas hasta una cámara acorazada donde se instala la mesa única de El Escondido. Estas cenas de extranjis son perfectas para fans de las pelis de ladrones.

La Contraseña

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3. Joaquin Schmidt, Valencia

Shhh, silencio, se come. Al primer restaurante de Valencia libre de contaminación acústica se accede desde los sótanos de un parking. Esto ya tiene su punto, pero lo mejor espera en un piso bien ambientado en el que el chef hace un poco lo que quiere. Eso sí, los platos cuentan con productos frescos, fresquísimos.

Joaquin Schmidt / Foto: inzumi GmbH

4. Speakeasy, Barcelona

La factoría de ideas del maestro de la mixología Javier de las Muelas se traslada al almacén trasero de su coctelería Dry Martini, al estilo de los antros clandestinos en tiempos de la Ley Seca. Fue de los primeros en exigir contraseña para franquear el acceso hace más de una década y hoy todavía se mantiene como local exclusivo. No es igual que en los años veinte, pero se hace lo que se puede…

Speakeasy

5. Club A, Madrid

Los chicos de Arzábal no paran nunca quietos y, tras triunfar con la renovación del tapeo castizo frente al parque del Retiro y antes de emprender una nueva aventura con una propuesta de platos combinados a la última, se sacaron de la manga este club de aroma british escondido en un sótano al que se accede mediante el pase de una tarjeta de socio. Decoración impecable en la que no faltan los típicos sillones chester, una carta exquisita y una bodega inabarcable para beberse la clandestinidad bien fría en forma de los mejores champanes.

Club A

6. Epelde-Mardaras, Bilbao

Una de las fórmulas “clandestinas” más recurrentes es la de aprovechar un espacio previo para convertirlo de vez en cuando en improvisado escenario de comidas y cenas. La galería es uno de los espacios más comunes para dicho fin, como el caso de este dúo de artistas especializados en acondicionar al mundo del arte lugares de corte industrial. Su galería de arte contemporáneo en un palacete del siglo XIX del casco viejo se convierte de buenas a primeras en un txoko muy especial.

Epelde-Mardaras

7. La Contrasenya, Barcelona

Otro local cifrado, esta vez en un estudio-taller de arte en algún lugar de Poble Nou que se transforma en club gastronómico para ofrecer clases de cocina y menús degustación con mucho producto de la tierra y del campo. Es el sueño de la periodista Ángela Vinent. Si se quiere ser socio hay que enviar un correo electrónico y así recibir las instrucciones exactas de tan misterioso comedor.

La Contrasenya

8. Yügö The Bunker, Madrid

Julián Mármol revolucionó el underground gastro de la capital con una rompedora propuesta del mejor sushi despachado en take away o en un búnker japo de la I Guerra Mundial al que únicamente podían acceder unos cuantos socios privilegiados. Desde el barrio de Las Letras, abre ahora un poco la mano a todos los públicos pero permanece el espacio sellado a extraños. Un pelotazo.

Yugo the Bunker

9. The Secret Room, Barcelona

Peluquería de día, restaurante de noche. O afterwork, o sede de catas, de showrooms, de exposiciones, de lo que se le ocurra a este insospechado piso junto al Paseo de Gracia. En definitiva, no deja de ser un club con su llave y todo. Llave testimonial pero que garantiza acceso y ventajas. Todo muy moderno, como os podéis imaginar.

The Secret Room

10. Paladar Nené, Madrid

Aquí lo bueno es que cada día puede ser una mesa distinta, siempre maravillosamente puesta, la que se inventen para recibir en este piso particular del barrio de Chamberí a los invitados de turno, no más de diez. Sí, la idea es eminentemente cubana, claro. Precios muy populares para un banquete de lo más casero, entre muebles y estanterías de la casa, bajo techos altísimos y con un suelo de baldosa hidráulica la mar de vistoso. Un delicioso secreto. ¿A quién no le apetece?

Paladar Nené

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