Qué ver en la Ciudad Vieja de Québec

11 agosto, 2014 - Redacción

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Un auténtico viaje en el tiempo te espera en tu visita a la histórica Québec, la única ciudad amurallada de Norteamérica, Lugar Patrimonio de la Humanidad y donde se conserva la esencia del carácter y la historia canadiense.

Québec, bañada por el río San Lorenzo -cuyo curso tiene kilómetro y medio de ancho al paso por la ciudad-, es la única ciudad amurallada de Norteamérica y, sin duda, uno de las más bellas del continente. Fundada por Samuel de Champlain en 1608 como una colonia para comerciar con los nativos, Québec comenzó a crecer en torno a la Place Royale: ya en 1647, se edificó la residencia del gobernador de la corona francesa, sobre los terrenos donde hoy se levanta, como un faro en la tormenta, el imponente Château Frontenac, un hotel de lujo que ha sido escenario de numerosas cumbres políticas y que es, con seguridad, el edificio más famoso de la ciudad.

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Diseñado por el arquitecto Bruce Price, el Château Frontenac fue uno de una serie de hoteles estilo “château” construidos por la compañía Canadian Pacific Railway a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX.

A Québec acuden todos los años millones de visitantes, muchos de ellos a bordo de cruceros, y lo hacen al reclamo de un espectacular casco antiguo -la Ciudad Vieja- tan bello y bien conservado que es, desde 1988, Lugar Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Este dédalo de calles, callejuelas y plazas rebosa herencia francesa por sus cuatro costados -presente por lo demás en la vida diaria de los quebequeses en todas las maneras, desde la gastronomía a los horarios y por supuesto el idioma- y es, además, la mayor concentración de edificaciones de los siglos XVII y XVIII de todo el continente americano. Québec es además la única ciudad amurallada del subcontinente: cinco kilómetros de murallas -las conocidas como “Fortifications de Québec”, que encierran este centro histórico, con cuatro puertas que franqueaban el acceso y en la que se incrustan hoy edificaciones modernas.

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Quebec alberga la mayor concentración de edificios de los siglos XVII y XVIII de toda Norteamérica.

La parte situada en la cima de los acantilados de Cap Diamant se denomina Haute Ville (Ciudad Alta), mientras que la a sus pies, entre los acantilados y el río es conocida como Basse Ville (Ciudad Baja). El comienzo de cualquier visita por la Ciudad Vieja es la Place Royale. Pequeña y recogida, con un busto a mayor gloria de Luis XIV presidiendo la estampa, fue mercado público durante la etapa de la dominación francesa, y donde los más prósperos comerciantes edificaron aquí sus lujosas viviendas, en un perfecto estilo bretón, a base piedra y tejados de pizarra; muchas de estas viviendas, estupendamente restauradas, albergan hoy en sus entreplantas restaurantes, galerías de arte, pequeños museos, tiendas de recuerdos… y muchos puntos de interés que no puedes dejar de ver.

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Más de tres millones de personas visitan anualmente la Ciudad Viaje de Quebec

La Eglise Notre-Dame-Des-Victoires es una reconstrucción de la primera que se levantó en este mismo solar a mediados del siglo XVII y que quedó destruida tras una batalla entre ingleses y franceses. El Vieux Port fue durante años el motor económico de la ciudad, protegido desde la fundación de Québec por las doce culebrinas de la Batterie Royale. El Musée de la Civilization (85 Rue Dalhousie) es una acertada construcción contemporánea que no desentona con el espíritu de esta Ciudad Vieja, y propone un recorrido por la historia de la ciudad y de la región a través de artefactos y objetos de las tribus nativas que habitan en el norte de la provincia y de los años de la colonia francesa, además de ser escenario de exposiciones temporales de artistas locales.

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Pasear por la Place Royale es hacerlo por uno de los lugares más interesantes de Quebec

La Place d’Armes es el corazón de la Ciudad Vieja, escenario de las celebraciones populares, con la estatua en honor de los franciscanos como testigo de ellas; y la basílica de Notre-Dame-de-Québec, construida durante los siglos XVII y XVIII, con su imponente fachada, es el monumento barroco más destacado de Norteamérica. Y una visita obligada es la Ciudadela, el fuerte que le erigió para proteger la ciudad de los ataques ingleses (sin sufrir jamás un ataque enemigo), y que se encuentra sobre un promontorio desde el que las vistas de la ciudad son, simplemente, espectaculares (el centro de interpretación e información se encuentra en un antiguo sito defensivo, el Poudrière de l’Esplanade, de donde parten las visitas guiadas y gratuitas). El relevo de la Guardia es una ceremonia que, si bien alejada de la grandilocuencia de otros relevos -el de Buckingham Palace o el madrileño Palacio Real- merece mucho la pena: tiene lugar todos los días a las 10h durante el verano.

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La herencia francesa es evidente en cualquier lugar de la ciudad de Quebec. Más del 95% de su población tiene el francés como primer idioma

Detrás de la ciudadela se encuentran las Llanuras de Abraham, escenario de la batalla que marcó prácticamente el fin de la dominación francesa en el Alto Canadá, y que tiene el centro de interpretación en el Musée de Québec (1 Ave. Wolfe-Montcalm). El conjunto de edificios del siglo XVII que forman el Séminaire de Québec (2 Côte de la Fabrique), el Couvent des Ursulines (12 Rue Donnacona), también del siglo XVII, y el Hôtel du Parlament, el complejo del parlamento regional, en el cuadrado delimitado por las calles Dufferin, Sant Agustin, Grade Allée y el bulervar René Lévesque, son los otros puntos de interés de esta Ciudad Vieja de Québec.

¡Buen viaje!

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