Las mejores piscinas rurales de hotel en España

28 julio, 2015 - Miguel Á. Palomo

Sant Pere del Bosc Lloret de Mar (Web Hotel)
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Las mejores piscinas rurales de hotel en España

Nos hemos acostumbrados a la piscina urbana. Como parte de la temporada veraniega más guay, queremos remojarnos en lo alto de nuestro hotel favorito. Pero la piscina también es territorio campestre. En el pueblo, aislada en mitad de la montaña o en la misma nada, la piscina rural siempre es bienvenida como uno de los principales alicientes de un puñado de hotelitos con encanto. Reivindicamos su valor.

1. Consolación, Monroyo (Teruel)

En torno a una ermita del siglo XIV, el poderío desplegado como hotel paisajístico con cubos de madera alineados sobre la línea de un cortado no podía dejar de aprovechar este entorno de naturaleza salvaje para instalar una piscina de ensueño orientada al atardecer del Matarraña. Lo dicho, inolvidable es poco.

Consolación

2. Sant Pere del Bosc, Lloret de Mar (Girona)

Un hotelazo romántico como el que se descubre en mitad de un bosque, antigua mansión de indianos de pasado monacal a la que se le dio forma modernista e interiores neoclásicos, tenía que prolongar el embrujo en unos jardines apropiados con la mejor de las piscinas. Para que no se eche de menos el mar de la Costa Brava que se vislumbra a lo lejos, la piscina es de agua salada.

Sant Pere del Bosc

3. Son Brull, Pollença (Mallorca)

Poco hay que contar de este templo de la hospitalidad, un clásico de las buenas maneras y del turismo culto de interior balear, pero insistiremos: es mucho más que un hotel con encanto. Huerto ecológico, campo centenario de olivos, possessió minimalista en un antiguo convento jesuita… Y para el baño descubierto, una piscina enmaderada pulcra y zen.

Son Brull

4. Aire de Bardenas, Tudela (Navarra)

En vez de describir semejante proyecto conceptual y arquitectónico a las puertas del desierto de las Bardenas Reales, una especie de campamento con cabinas térmicas habilitadas como habitaciones abiertas a la fascinante nada, nos encaminamos a su piscina. A salvo del cierzo, muy socorrida en el inclemente verano, la piscina es también un acierto de fotogenia.

Aire de Bardenas

5. Castell de la Solana, Alcalali (Alicante)

Mucho respeto mediambiental y todo el encanto de la Marina Alta se respira en este hotelito florido y muy mediterráneo. Nos gustan sus habitaciones eclécticas y románticas, pero nos cuesta salir de los jardines mimados que envuelven la piscina. Qué le vamos a hacer.

Castell de la Solana

6. Cas Gasi, Santa Gertrudis (Ibiza)

Algo parecido nos ocurre en esta casa payesa de más de un siglo de vida reconvertida en hotel rústico elegantemente amueblado y en finca sostenible a la que había que añadir una piscina serena rodeada de césped bien afeitado y con vistas a los campos ibicencos.

Cas Gasi

7. El Rodat, Jávea (Alicante)

Nada de hotel playero al uso sino hotel de hospitalidad exigente rodeado de frondosa vegetación y orientado a la bahía y con el Montgó al fondo. Sus jardines fragantes siempre están en perfecto estado de revista y sirven de perfecto marco a una piscina entre pinos y césped rasurado. De noche, su iluminación la embellece aún más.

El Rodat

8. Cortijo Los Malenos, Aguamarga (Almería)

El magnífico escenario que ofrece el parque natural del Cabo de Gata-Níjar facilita que sus hoteles cortijeros se permitan unas piscinas salvavidas concebidas casi como oasis en mitad del desierto. La de este bonito cortijo rústico camino de Aguamarga es una de las más bonitas, aislada en un altozano que sobrevuela el erial de chumberas. La experiencia es diferente.

Cortijo Los Malenos

9. Biniarroca, Sant Lluís (Menorca)

Este caserío menorquín del siglo XVI es desde hace tiempo un referente de lo bien que se puede dormir en la isla si nos internamos en sus pueblos y campos. El hotelito no tiene desperdicio y su vocación artística se traslada a un jardín que es un estallido de colores y perfumes en el que la piscina preciosista se inspira en las albercas romanas.

Biniarroca

10. Quinta de San Amaro, Meaño (Pontevedra)

El norte también se refresca en meses de calor sin recurrir a sus playas de bandera. Cerca de las de las Rías Baixas y rodeada de viñedos, esta finca tradicional fue repensada imaginativamente para la hotelería con encanto. Como combina pasado y modernidad, la piscina con solárium de madera de teca es un rincón contemporáneo con vistas despejadas al horizonte atlántico.

Quinta de San Amaro

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