Taj Mahal, la joya de la corona india

23 diciembre, 2013 - Redacción

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Taj Mahal, la joya de la corona india

Una de las siete maravillas del mundo y un monumento perpetuo al amor: todo eso y más es el Taj Mahal, uno de los iconos del planeta

Viajar a India es hacerlo a un universo paralelo donde las reglas no siempre son a las que estamos acostumbrados. El impacto que recibe el viajero es impresionante por todo, desde las distancias o la magnitud de sus ciudades, pasando lamentablemente por sus desigualdades sociales y, sobre todo, por una imponente riqueza cultural y monumental casi sin parangón en el mundo. Y de todas las joyas que guarda la India, que son casi infinitas, una brilla más que las demás: el Taj Mahal, en Agra.

Cada día, desde el amanecer hasta que cae la noche -dos momentos especialmente mágicos en los que la luz le arranca al Taj Mahal destellos increíbles-, miles de personas se arroban en la contemplación de uno de los edificios más reconocibles y bellos del mundo. El Taj Mahal es merecidamente una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno, además de Lugar Patrimonio de la Humanidad, y fue levantado en el siglo XVII como prueba de amor por el emperador mogol Shah Jahan, quien regaló a su esposa favorita, enterrada aquí. Aunque es lo más reconocible, no sólo el mausoleo es el Taj Mahal, que está formado por una veintena de edificios.

El promotor del Taj Mahal (que quiere decir “palacio de la Corona” en hindi) fue uno de los emperadores más poderosos de la historia del norte de la India, el emperador Sha Jahan, que mandó construir otros lugares impresionantes como los palacios y jardines de Shalimar en Lahore, también en honor de su esposa favorita. Mumtaz Mahal, con quien tuvo catorce hijos y que falleció tras un parto. El emperador, desconsolado, inició casi enseguida la construcción del Taj como ofrenda póstuma, empleando a más de veinte mil obreros y dejando para la posteridad un monumento que eriza el vello de quien lo contempla. Una obra maestra de la arquitectura, el más bello ejemplo de arquitectura mogola, que fusiona elementos de la arquitectura india, islámica, persa e incluso india. El conjunto arquitectónico del Taj Mahal tiene su eje principal perpendicular a la ribera del río Yamuna, que baña sus jardines, y en cuya superficie se reflejan los edificios, produciendo un efecto adicional de simetría. Cada sección del jardín está dividida por senderos en dieciséis canteros de flores, con un estanque central de mármol a medio camino entre la entrada y el mausoleo, que devuelve la imagen reflejada de los edificios.

Al Taj Mahal se accede por la darwaza, un edificio monumental construido en arenisca roja, acuya entrada multitud de vendedores ambulantes que ofrecen snacks y refrescos (se debe comprobar siempre que las botellas no hayan sido rellenadas), y ya desde ahí saluda el Taj Mahal, que está al otro extremo del jardín que se abre ante la vista. Originalmente, la entrada se cerraba con dos grandes puertas de plata, que fueron desmontadas y fundidas en el siglo XVIII; hoy, hay escáneres para registrar las pertenencias de quienes pasan al monumento, que lo hacen, también, a través de unos tornos. En los extremos del complejo se levantan dos grandes edificios a los lados del mausoleo, paralelos a los muros este y oeste, una mezquita y el jawab. Ambos, decorados como el Taj Mahal, con citas caligráficas del Corán y formas geométricas abstractas. Los materiales más nobles decoran el interior del mauseolo: la sala central está decorada con orfebrería y la joyería con gemas preciosas y semipreciosas.

En cada parte del complejo -los jardines, el mausoleo-, los viajeros comparten fotos con las familias locales, que parece no se cansan de sorprenderse ante la cantidad de viajeros que atraviesan el planeta sólo para comprobar que, realmente, semejante edificio existe. Pero hay que ser justos y decir que, aunque el Taj Mahal merece cruzar el mundo para ser visto, no es lo único de interés en Agra (eclipsa tal vez injustamente otro lugar Patrimonio de la Humanidad, el Fuerte Rojo). En cualquier caso, contemplar su mole de mármol contra el atardecer es algo inolvidable. ¡Buen viaje!

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