EL NATIONAL MALL DE WASHINGTON, DC

5 junio, 2014 - Redacción

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EL NATIONAL MALL DE WASHINGTON, DC

Tanto da que sea para un concierto, para un desfile, para una manifestación o para jugar al frisbee: en Washington todo pasa en el National Mall. La más que avenida explanada, con cinco kilómetros de largo y presidida por el Capitolio en un extremo y el Memorial de Lincoln en el otro, es el centro neurálgico de la capital de Estados Unidos. Su historia arranca en el mismo momento de la fundación de la ciudad, cuando George Washington contrata a finales del siglo XVIII al arquitecto francés Pierre L’Enfant para diseñar la capital de la recién nacida nación. La pieza capital de su proyecto de edificación era un inmenso parque público que se extendería desde el oeste del Capitolio hasta la ribera del Potomac. No están claras las intenciones específicas de L’Enfant, pero la versión oficial nos habla de ‘una gran avenida de 400 pies de ancho y una milla de largo, rodeada de jardines que acaben en una pendiente delante de las casas de cada lado’.

Pasó más de medio siglo hasta que las autoridades empezaron a prestar atención al Mall. La Smithsonian Institution se estableció en 1846 en el ‘Castillo’, cuya construcción comenzó en 1847. El primer secretario de la Smithsonian, Joseph Henry, contrató al mejor arquitecto en América, Andrew Jackson Downing, para que planificara un Mall ‘que incluyera los jardines de la Smithsonian, dentro de un gran jardín, atravesado en diferentes direcciones por senderos y caminos para carruajes, sembrado con todas las variedades de plantas y árboles que se den en este clima’. Downing cambió los planos repletos de avenidas rectas y desprovistas de vegetación de L’Enfant por calles curvas y frondosas. La muerte de Downing en 1852 dejó inacabado el trabajo; En 1901, James McMillan comandó un grupo de artistas y arquitectos para ordenar los parques y espacios públicos de la ciudad. La Comisión McMillan propuso retomar la concepción original de L’Enfant para el Mall. Así, a lo largo del siglo XX, los museos se han ido asentando a ambos lados del Mall. El Museo Nacional de Historia, el de Historia Natural, la Galería Nacional de Arte, el obelisco que es el Memorial de Washington, la Casa Blanca a un paso de la Avenida, la Reflecting Pool, el Memorial de la Guerra de Vietnam -esas lápidas que tantas veces hemos visto en las películas con los nombres de los caídos en la Guerra de Vietnam… El National Mall, en definitiva, es un lugar imprescindible para entender y apreciar la historia y el carácter de los Estados Unidos.

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Y de todos los museos que se asoman a la explanada, el más célebre de todos ellos (y uno de los más visitados de todo el mundo) es, sin duda, el National Air & Space Museum: Independence Avenue at 6th St., SW), inaugurado en 1976, es el museo más popular de la ciudad y el más visitado del mundo, con doce millones de visitantes,  muy por encima del Louvre o El Prado. Realmente anonadador, las estrellas son el avión con el que los hermanos Wright consiguieron volar en 1903, el Spirit of Saint Louis, en el que Charles Lindbergh hizo el primer vuelo trasatlántico entre Nueva York y París sin escalas (y que inmortalizarían Billy Wider y James Stewart en la película del mismo título), la lanzadera espacial Voyager, el módulo Columbia con el que alunizó la primera tripulación en pisar la luna, Zeros japoneses… La exposición permanente de los grandes descubrimientos del hombre recalca mucho la acción descubridora española durante los siglos XV y XVI. La sala dedicada a Albert Einstein, y el complejo’IMAX’ (cine en tres dimensiones) son también visitadísimas.

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¡Buen viaje!

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