10 hábitos españoles que pierdes viviendo en el extranjero

No hay más que ver las caritas que ponen algunos de los «españoles por el mundo» que salen en la tele para saber que no sólo echan de menos la tortilla de patata, la fabada o las lentejas de su madre. Y es que cuando vives en el extranjero, sobre todo si tu destino temporal está ubicado en Europa, algunas de tus costumbres pasan a ser poco más que dulces recuerdos.

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1. La siesta.

Sí, la siesta, esa supuesta costumbre española (ya en serio, ¿alguien conoce a más de una persona de su entorno que se eche la siesta de lunes a viernes?) queda totalmente olvidada en el baúl de los recuerdos. Ni de tres horas, como dicen algunos que duran las siestas españolas, ni de dos horas ni de una, ni de veinte minutos. Si vives fuera de España, no hay siesta, ¡Ea!

2. Cenar a las diez de la noche.

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Ya lo decía el New York Times, España es el país donde se cena a las diez de la noche. Y eso, querido viajero, si vives en el extranjero, no es posible, más que nada porque a esa hora estás que te caes de sueño y ya has cenado y requetecenado. Pero, ¡cómo no! Si has comido a la una y has merendado a las cinco… ¡Es de cajón!

3. Apagar el despertador una y otra vez para quedarte cinco minutitos más en la cama.

¡Error! Nada de poner el despertador un poco antes de la hora para así poder apagarlo y quedarte dormido un poco más. ¿Que por qué? Ya se sabe que eso no funciona y que casi siempre que lo has hecho has acabado llegando tarde. Pues fuera de España no, no te lo puedes permitir. Tienes que recorrer mucha más distancia para llegar a la oficina y la puntualidad es sagrada.

4. Mezclar el vino con coca-cola o con gaseosa o con limón.

¡Pecado mortal! Y mira que en España nos gusta el vino y no son pocos los que hasta entienden de vino. Pero es que eso de hacer calimocho o tinto de verano, nos pierde, nos pierde… Es cierto que disfrutamos de un buen Ribera, un Rioja, un Verdejo o un Rueda en una copita y que lo saboreamos así a sorbitos en una terraza tranquilamente, pero es oír que alguien se pide un tinto de verano y nos cambia la cara. «¡Pónme uno a mí también!».

5. Una larga sobremesa después de comer.

Pero si en el extranjero comes a las doce y media o la una y apenas dedicas a ello veinte minutos. ¿Sobremesa? Fuera de España no se conoce esa palabra y mucho menos el rollito «café, copa  y puro». Esas charletas que acaban con la paciencia del camarero con más temple, que está deseando que te vayas porque él aún no ha comido nunca las verás si estás en el extranjero.

6. Ver la tele hasta las tantas.

Ni tus series favoritas, ni películas, ni siquiera el programa que estén echando a esa hora en la tele. Si vives en el extranjero sin duda habrás madrugado más, habrás comido pronto, habrás cenado pronto y querrás acostarte prontito como las gallinas porque no puedes con tu alma y la falta de sol te mata.

7. De afterwork, tal vez, pero de bar en bar no.

A ver, no es que fuera de España no vayas a poder disfrutar de tomarte algo con los compañeros después del trabajo. No, no decimos eso. Pero a lo que tendrás que acostumbrarte es a quedarte en el mismo sitio. Nada de picotear, de ir de bar en bar, ni de ir probando sitios nuevos. El que está más cerca es el lugar de afterwork, si es que lo hay, y punto.

8. Saludar con dos besos.

Al principio te saldrá solo, no lo podrás evitar. Saludarás con dos besos a todas horas y a casi todo el mundo, tanto al llegar como al irte. Pero pronto te darás cuenta de que solo tú lo haces y, sin darte cuenta, poco a poco, perderás la costumbre. Más que nada para que dejen de mirarte como si te faltase un tornillo.

9. Tocar, dar palmaditas, abrazos y empujoncitos.

Ya, sabemos que como buen español o española te gusta el contacto, te hace sentirte bien. Somos así, no es que nos guste sobar, es que nos gusta reforzar lo que hablamos o decimos con palmaditas, golpecitos y empujoncitos y si hay confianza, pues con achuchones y abrazos. En el extranjero perderás ese hábito, sí, y más vale que lo pierdas pronto.

10. Usar el aceite de oliva para todo.

Ese maravilloso producto de la tierra es oro líquido fuera de España. Y cuando decimos oro líquido no lo decimos como una metáfora sino literalmente como oro, por su precio y por lo difícil que resulta encontrarlo. Empezarás a cocinar con mantequilla, con mantecas y con otros aceites que no son de oliva. Y sí, lo sabemos, las ensaladas no saben igual si no llevan ese chorrito dorado.


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Redacción

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