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Barco-stop: cómo surcar los mares sin gastar un euro

Quien haya visto El curioso caso de Benjamin Button recordará que no hay como enrolarse en la tripulación de un barco para vivir aventuras. Pues bien, esa idea romántica de convertirse en improvisado marinero para viajar por todo el mundo sin apenas lastre –y sin gastar un euro- no es mera ficción o ideal de mentes soñadoras. Tampoco podemos afirmar que sea una novedad, pues es una costumbre con solera náutica. Digamos que sigue siendo una visión romántica, desde luego, aunque ya es una manera de viajar bien extendida, un plan de vida low cost con cada vez más facilidades y que cada vez conquista a más almas intrépidas. Hacerse grumetillo es posible gracias al barco-stop. La mar espera.

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Atardecer en cubierta (Floatplan, Facebook)

Son los tiempos de la economía colaborativa. El concepto de viajar cambia con ellos al mismo ritmo. Por eso surgen iniciativas, y voluntarios que sumarse a ellas, para intercambiar necesidades. Una parte pone el barco, y al menos un plato de sopa diario, se supone. La otra, la del viajero, su capacidad de trabajo y su animosidad. Porque uno no hace barco-stop por el morro. Ser polizón todavía está mal visto. No, uno entra a formar parte de la tripulación y aporta su granito de arena. Si se quiere navegar por la Polinesia o por el Mar de Andamán se valorará aprender a arriar velas o al menos tener disposición a fregar la cubierta.

Velero (Find a Crew, Facebook)

En realidad, los tablones de anuncios de las numerosas empresas de servicio online que ponen en contacto a patrones con aspirantes o los que cuelgan a día de hoy muchos barcos en determinados puertos cubren una demanda de lo más variada. En los barcos modernos se necesitan traductores, dentistas, profesores, cocteleros. De todo. Por lo tanto, no hace falta ser un experto marinero ni saberse todos los nudos de la historia de la navegación. Las carreras propias, los conocimientos personales y profesionales ya adquiridos, pueden ser decisivos para garantizarse este tipo de experiencia en alta mar.

Botella en la arena (Find a Crew, Facebook)

Por ahora, el nicho crece. Páginas web como www.tripulantes.org, www.oceancrewlink.com o www.crewbay.com ponen el barco-stop a golpe de clic. Como en la carretera, las opciones son ilimitadas: desde un velero idílico a un barco de pesca, desde un buque de carga a un trasatlántico gigante. Desde hace unos meses, el ejemplo lo tenemos en casa. Una joven española quiso dejarlo todo y probar suerte con el barco-stop cruzando el Atlántico. Paula lo contó en su cuenta de Facebook y fue el detonante de un estilo de vida cuya mejor plataforma es su web Allende los mares.
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Miguel Á. Palomo

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