Trinidad, Cuba (iStock)
“El destino de Cuba no será decidido por EEUU ni por ninguna otra nación. El futuro de Cuba será decidido por los cubanos”: palabras del presidente estadounidense Barack Obama durante su visita histórica a la isla caribeña del pasado mes de marzo.
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Aunque el embargo no ha desaparecido de un plumazo, los primeros atisbos de una nueva era ya se pueden apreciar en la tierra del ron y del son cubano.
El pasado 1 de mayo, zarpó del puerto de Miami el primero crucero en 50 años desde los Estados Unidos con destino La Habana. El viaje del Adoni, con unos 700 pasajeros a bordo, estuvo en entredicho hasta el último momento, cuando el Gobierno cubano por fin levantó la prohibición de entrar por mar a los ciudadanos que nacieron en la isla.
La historia reciente de la ex colonia española ha sufrido cambios muy bruscos en el último siglo. Cuando Fidel Castro llegó al poder en 1959, decenas de vuelos conectaban a diario Miami y La Habana. Los estadounidenses visitaban con frecuencia esta isla caribeña, sus hoteles de lujo, sus clubes nocturnos y sus famosos casinos.
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El embargo comercial impuesto a Cuba en 1960 acabó abruptamente con la fiesta y la diversión. Desde entonces, la economía de la isla languidece y se registran curiosas anomalías que hacen, por ejemplo, el acceso a Internet una verdadera epopeya fuera de los circuitos turísticos oficiales.
Todo eso está cambiando a pasos de gigantes. Los turistas de EE UU ya pueden visitar a sus familiares e incluso importar bienes cubanos por valor de hasta 400 dólares por persona cuando regresan, léase puros y ron. Sin embargo y por absurdo que parezca, sigue siendo ilegal para el ciudadano norteamericano visitar Cuba solo para hacer vacaciones.
En realidad, los cambios políticos y económicos de Cuba te afectarán solo si eres un empresario y te planteas hacer negocios en la isla. Un turista europeo todavía no va a notar una transformación substancial. Eso sí, va a poder disfrutar de una atmósfera más relajada, y podrá tener un wifi más rápido en los hoteles y en algún escaso punto abierto de La Habana. También podrá usar el dólar con más facilidad y se encontrará con viajeros de varios países, atraídos por la nueva etapa que se vive en la isla.
Eso sí, ha crecido la oferta de plazas en ‘casas particulares autorizadas’ para acoger a turistas. Vamos, es el Airbnb a la cubana. Los dueños de estas casas te darán alojamiento, te servirán el desayuno e incluso un plato para cenar.
Date un paseo en uno de los coches de los años 50 que todavía circulan por la Habana, conocidos como ‘almendrones’, antes de que el progreso los engulla todos. Y no olvides que el cambio es lento, con lo cual llévate dinero en efectivo por si la tarjeta no funciona; no olvides nada importante, sobre todo medicamentos, porque allí no siempre encontrarás lo que buscas; y prepárate para apagar tu cerebro en una playa paradisíaca.
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