En el corazón del desierto de Nevada, a unos 30 kilómetros al norte de la pequeña ciudad de Gerlach, se esconde uno de los paisajes más sorprendentes y desconocidos de Estados Unidos. Se trata del Fly Geyser, un géiser artificial que, por sus colores y formas, parece sacado de otro planeta. Este rincón poco conocido es el sueño de cualquier amante de la naturaleza, la fotografía y la aventura.
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El Fly Geyser no es un géiser natural en el sentido clásico, sino el resultado accidental de la acción humana. Su origen se remonta a 1916, cuando unos granjeros perforaron el terreno en busca de agua para regar sus campos. En vez de encontrar una fuente convencional, se toparon con agua geotérmica, que brotó a presión por el agujero realizado. En los años 60, otro intento de perforación terminó por abrir una segunda vía para el agua caliente, y desde entonces el géiser no ha parado de crecer y transformarse.
El agua, cargada de minerales como el carbonato cálcico, ha ido depositando capas sobre capas a lo largo de las décadas, dando lugar a estructuras con formas caprichosas y colores intensos, fruto de las algas termófilas que colonizan sus superficies. El resultado es un espectáculo visual único en el mundo.
Lo que realmente llama la atención del Fly Geyser es su apariencia surrealista. Las aguas termales emergen a unos 40 grados centígrados, creando una nube de vapor constante y tiñendo las formaciones de tonos verdes, rojos, amarillos y naranjas. Este efecto se debe a la presencia de diferentes tipos de algas y bacterias que prosperan en ambientes extremos.
El géiser principal alcanza unos 1,5 metros de altura, aunque el conjunto de estructuras y piscinas que lo rodean se extiende varios metros más allá. El agua, al fluir por los montículos, va formando terrazas y pequeñas lagunas de colores que parecen sacadas del imaginario de algún escritor de ciencia ficción.
El Fly Geyser se encuentra en terrenos privados, concretamente en la Fly Ranch, una finca de casi 15 kilómetros cuadrados gestionada por la organización Burning Man Project. Hasta hace poco, visitar el géiser era prácticamente imposible, pero desde 2016 se han abierto visitas guiadas para grupos reducidos, siempre respetando el entorno y bajo reserva previa.
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Estas visitas, que suelen durar unas tres horas, permiten recorrer los senderos del rancho y acercarse al Fly Geyser y otros manantiales geotérmicos de la zona. Es importante recalcar que no está permitido bañarse en las aguas del géiser ni tocar las formaciones, ya que son extremadamente frágiles y cualquier alteración podría dañarlas irreversiblemente.
El Fly Geyser está a unas dos horas y media en coche desde Reno, la ciudad más cercana con aeropuerto. La pequeña localidad de Gerlach es el punto de partida habitual para quienes quieren explorar la región, famosa también por acoger el festival Burning Man en el desierto de Black Rock.
La carretera que lleva hasta el rancho no está especialmente transitada, por lo que es recomendable planificar bien la ruta, llevar agua y combustible suficiente y respetar siempre las normas de acceso establecidas por los propietarios del terreno.
Aunque su origen sea accidental, el Fly Geyser se ha convertido en un símbolo de la belleza y fragilidad de los ecosistemas geotérmicos. La presencia de algas, bacterias y la propia estructura del géiser depende de un delicado equilibrio que puede romperse fácilmente con la intervención humana.
Por esta razón, la política de visitas controladas y la gestión sostenible del rancho son fundamentales para asegurar que este rincón de Nevada siga maravillando a las futuras generaciones. Es un claro ejemplo de cómo la naturaleza puede transformar un simple error humano en una auténtica obra de arte.
Si te animas a visitar esta zona de Nevada, puedes aprovechar para descubrir otros tesoros naturales y culturales de la región. El desierto de Black Rock es famoso por sus paisajes abiertos, sus atardeceres espectaculares y su ambiente casi místico. Además, en Gerlach y sus alrededores encontrarás auténticos pueblos del lejano oeste, ideales para experimentar la América más rural y genuina.
No muy lejos de allí, puedes explorar las dunas de Sand Mountain, las aguas termales de Soldier Meadows o las formaciones rocosas de Pyramid Lake. Cada rincón tiene su propia historia y encanto, haciendo de este viaje una experiencia inolvidable para los amantes del turismo alternativo y la naturaleza salvaje.
En definitiva, el Fly Geyser es uno de esos lugares que demuestran que la naturaleza (con un pequeño empujón humano) puede crear paisajes que parecen de otro planeta. Si buscas una escapada diferente, lejos del turismo masivo, y quieres dejarte sorprender por uno de los secretos mejor guardados de Nevada, no dudes en incluir este espectacular géiser en tu lista de destinos imprescindibles.
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