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¡Glups! 10 miradores del mundo que quitan el hipo

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Una vez más, el cine es capaz de mover masas. La película Avatar rompió la taquilla en 2009 pero, como El Señor de los Anillos y tantas otras cintas de cine espectáculo, los decorados naturales utilizados se convierten en objeto de deseo turístico. En el caso de la peli de James Cameron, fue el alucinante paisaje boscoso de Zhangjiajie (provincia de Hunan), en el corazón de China, el que empezó a llenarse de turistas para los que se construyó a más de 1.400 metros de altura un estrecho pasillo de vidrio cosido a una de sus puntiagudas montañas. El parque natural, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, ya es oficiosamente el parque de la Montaña Hallelujah, uno de los hogares de los Na’vi en la luna

De nuevo los Alpes, de nuevo la inmensidad. A muy poca distancia de la frontera con Austria, esta original obra metálica hace cruzar sus dos pasarelas a modo de aspa voladiza a más de 1.000 metros de altura. Una enorme X en la que hay que elegir la pasarela, arriba o abajo, y andar unos 13 metros antes de quedarse solo ante el vacío, sobre el desfiladero de Höllental y frente al pico de Alpspitze. Cada pasarela tiene al final su ventanita de cristal en el suelo para potenciar el efecto susto.

Es evidente que no podíamos olvidar este balcón orientado a una de las maravillas del mundo: las cataratas de Iguazú. En la frontera entre Argentina y Brasil, ambos países comparten Parque Nacional, el mirador reconstruido se acerca a apenas 50 metros del estruendo provocado por las cascadas que caen desde 80 metros de altura. El peaje es salir empapado de una de las mayores atracciones turísticas del mundo.

 

Un clásico de las alturas. Cuando decimos altura, decimos 3.165 metros por encima del nivel del mar, un vuelo que corta la respiración sobre el glaciar de Stubai, otra vez en los omnipresentes Alpes. El proyecto de ingeniería consigue que el ascenso por la estructura de metal anclada a la montaña sea en fila de a uno hasta alcanzar el trampolín final, unos diez metros de longitud suspendidos en la nada más absoluta. Así parece que se acarician las agujas de los colosos de nieve, con los Dolomitas al fondo.

Si acabamos de mencionar un clásico, nos pasamos a los Alpes franceses para introducirnos en uno de los últimos miradores en llegar, el también conocido como Step into the Void o, lo que es lo mismo, un cubo de cristal situado a ¡casi 4.000 metros! La atracción diseñada por Pierre-Yves Chays se protege así de los vientos que azotan la terraza del pico Aiguille du Midi. El Mont Blanc, la montaña más alta de Europa, parece más cerca. Curiosamente, en el mismo año 2013 se inauguró también el Dachstein Sky Walk, en Austria, no muy lejos del bautizado como Balcón de los Alpes, en el monte Hunerkogel. Sobre el glaciar de Dachstein, este skywalk se completa con la “escalera a la nada”, una bajada que efectivamente no conduce a ninguna parte. ¡De locos!

Cómo son estos noruegos. Diseño nórdico, volúmenes puros, integración en el paisaje y un curioso sentido del humor. La obra de los arquitectos Todd Saunders y Tommie Wilhelmsen consiste en una elegante pasarela convertida al final en un tobogán suicida sobre los bosques y los fiordos de Aurland. Pero no hay que dramatizar, se puede alcanzar el extremo sin jugarse la vida ya que colocaron una mampara transparente. ¡Qué majos!

Última actualización 23 de noviembre de 2015

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Miguel Á. Palomo

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