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Las 10 situaciones que habrás vivido si has hecho el Camino de Santiago

1. No puedes dar ni un paso más.
Llevas una semana de jornadas interminables y no ves el final. Te sientas, te tumbas incluso, pero cuando te levantas te duele todo y no te puedes mover. Hasta aquí.

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2. Cuando encuentras unos lavabos relucientes.
Hay pocas sensaciones más orgásmicas. Todo el cansancio y toda la roña pueden pasar a mejor vida aunque sea por unos minutos. El clímax oculto de cualquier peregrino.

3. En este albergue huele regular. ¡Todos a calzarse, por favor!
La convivencia, la experiencia única, el compañerismo, las historias para no dormir… De acuerdo, todo eso es muy bonito pero llegas al albergue y ¡zas! La peste a pies te da un golpe del que es muy difícil reponerse.

4. La mochila te mata.
Te dieron el consejo de aligerar peso pero no hiciste mucho caso. Cómo renunciar al secador de pelo. Pues ahora tus riñones se acuerdan de tu bendita decisión. Más de una vez has acabado en el suelo.

5. Llegas al albergue soñado pero está completo.
¡¡Cómo!! No puede ser verdad. Más de 20 km a pie, ya de noche con la lengua fuera, por fin ves la luz a lo lejos y cuando ya estás de rodillas dando gracias te dicen que no es tu día de suerte. Lloras.

6. ¿Por qué no me habré ido de vacaciones a Torremolinos?
¿Por qué? ¿Por qué? Reconócelo, tu voluntad es frágil. Echas de menos tu sofá, tu nevera, tu tele. Te arrepientes. Pero no puedes mirar atrás. Hay que continuar hasta el final.

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7. Cuando pillas a alguien que se ha saltado etapas.
Sí, cuando más susceptible estás descubres que aquel grupo con el que te cruzaste hace días te ha tomado la delantera. ¿Qué ha pasado? Alguien ha hecho trampas y se va a enterar.

8. Alguien te pone ojitos…
El arte del flirteo y la capacidad de ligar en cualquier lugar y condición no conoce límites. El Camino de Santiago es un momento como otro cualquiera para estrechar lazos afectivos.

9. ¡Qué pintas tengo!
Llevas un puñado de días andando y andando sin parar, durmiendo y comiendo en cualquier sitio. De repente, echas mano de un espejo y no te reconoces. No es agradable.

10. Llegas a Santiago y eres feliz.
No hay nada comparable. Eres un héroe. Nada ni nadie ha podido contigo. Has llegado al final del camino. Puedes morir en paz.

 

 
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Miguel Á. Palomo

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