Sala de barricas de vino de Oporto (Web W&J Graham’s)
Oporto está de moda. En realidad, Portugal al completo. Nunca nos había interesado tanto descubrir la historia y las novedades incesantes de esta ciudad de encanto desbordante, carácter arrebatador y emblemas tan deliciosos como el de su vino fortificado, el más famoso del mundo, un elixir de tradición centenaria que tiene su propia guía de imprescindibles. A continuación, las mejores bodegas de Oporto para pasar una buena tarde, con visita guiada y cata incluida. Al otro lado del Douro, recuerda, pues es en Vilanova de Gaia donde se concentran todas ellas, ya que allí hace tiempo se pagaban menos impuestos, cosa que a los ingleses les pareció muy conveniente a la hora de instalarse en esa orilla. Cruzamos, pues, a pie el puente de Luiz I. Un bonito paseo.
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1. Sandeman. Largo Miguel Bombarda, 3
Por toda la ciudad se distingue la silueta de un misterioso personaje. El Don de Sandeman, con capa y sombrero negros, nacía en 1928 para servir de logo de una marca que había sido ya fundada por un joven escocés en 1790. La bodega, tal vez la más singular de todas las de Oporto, demostraba así su carácter pionero, al menos en su visión publicitaria. Hoy en día, la visita se realiza por un guía disfrazado con el misma atuendo. Interesante pagar más de la entrada general para ver las barricas centenarias y poder conocer la historia de la bodega al completo.
2. Bodega Ramos Pinto. Avda. Ramos Pinto, 380
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Imperdible para descubrir la figura de un hombre clave en la producción del porto de calidad: Adriano Ramos Pinto. No vale quedarse en la puerta, hay que entrar y sentir el peso de la historia en parte de la bodega, fundada en el año 1880, que ha sido transformada en impresionante museo de antigüedades y objetos de la época de lo más pintorescos.
Seguro que os suena este apellido británico. Entre la irrupción a finales del siglo XVII del fundador, Francis Bearsley, y la actual gerencia de la familia Yeatman, saga que lleva con la bodega desde que se acabara el siglo XIX, estuvieron los Taylor. Así se han venido repartiendo la propiedad de este clásico del porto más envejecido. Y es que no hay que dejar pasar la oportunidad de atreverse con una de las catas más recomendables de la ciudad, en las que no faltarán vinos vintage y un buen tawny de más de 10 años de envejecimiento. Recomendable también es su museo modernizado. Todo en el interior de una bonita quinta portuguesa, al estilo de las que se rodean de viñas en el campo.
4. Ferreira. Avda. Ramos Pinto, 70
Sin tanta fama como otras, nadie puede restar encanto a esta bodega instalada en el interior de un viejo convento, que fue fundada nada más y nada menos que en 1751 y que tuvo a una mujer, Doña Antónia Adelaide Ferreira, como su principal valedora en los tiempos en los que la leyenda del porto se estaba forjando.
Relativamente más tardía, la bodega fue fundada en 1820 por las familias Symington y Graham. Todo en ella es impecable, desde la interesante visita por su museo y sala de barricas, en la que se ve trabajar a los maestros toneleros, a la cata de sus vinos, los oportos que conquistaron a Churchill. Incluso merece la pena echar el día y disfrutar del restaurante Vinum, acristalado y con una terraza encantadora que mira a Oporto y al río Duero.
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