The Legendary Pacific Coast (Facebook)
Australia es un país gigante que lo tiene todo para seducir al viajero. Más si éste pertenece a la estirpe de viajeros ávidos de libertad, mochileros sin prisas que tienen en la carretera a su mejor aliada. La Legendary Pacific Coast es una de esas carreteras imprescindibles que hay que recorrer al menos una vez en la vida, como la Ruta 66 o incluso la Great Ocean Road, también en el país de los koalas.
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En el caso de la Legendary Pacific Coast, estamos ante un inmenso trazado de asfalto que alcanza los 900 kilómetros entre Sidney y Brisbane. Por lo tanto, las vistas desde nuestro coche, moto o furgoneta serán continuamente las del Pacífico, claro, pero para ser más precisos directas al Mar de Tasmania. No está nada mal.
Si completáramos la ruta, además de necesitar unos cuantos días (alrededor de una semana) y mucha gasolina, habremos hecho nuestra buena parte de la idiosincrasia australiana. Para empezar, si nos va la tabla, el surf es casi obligatorio y, como podemos esperar, no hace falta desviarse mucho para coger algunas de las mejores olas del mundo. La playa de Terrigal es una opción ganadora.
Al otro lado de la carretera, otro tipo de naturaleza nos espera: el Bouddi National Park es uno de los muchísimos, casi 50, parques nacionales en los que podremos adentrarnos. Estamos en la Costa Central de Nueva Gales del Sur, territorio de acantilados que cortan la respiración, amigos. Y como en este caso, a lo mejor en todos, somos mochileros, tiramos aquí de camping.
Más al norte, la histórica ciudad de Newcastle y más playas, como las de Port Stephens. En el interior, The Hunter Valley es una opción para conocer los mejores vinos locales. De nuevo al borde de la Legendary Pacific Coast, Port Macquarie y su estuario, ideal para una jornada de pesca. Después, la impresionante exuberancia del parque Dorrigo, Patrimonio de la Humanidad, como parte de los Bosques húmedos Gondwana.
Queda la imprescindible ciudad de Yamba, más playas y más surf en Angourie y en Lennox Head, hasta llegar a Byron Bay, con su punto neo-hippie, y por fin a Coolangatta, la supuesta puerta de entrada a la Costa de Oro australiana y un lugar que condensa todo lo anterior. Ya estamos a un paso de Brisbane, y ni nos hemos cansado ni nada.
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