Nesting (MyDaPhoto, iStock)
De viajar físicamente, se entiende. De viajar de verdad, entenderá la mayoría. Pero es que desde hace tiempo esta acción tan nuestra cuenta con acepciones paralelas. Y no, la que nos ocupa no tiene que ver con el viaje psicotrópico, que es otra manera de emprender ruta a lo desconocido. Hablamos del nesting, un nuevo palabro que incorporar a nuestro diccionario de neologismos cuquis. Ahora resulta que quedarse en casa mola. Como reafirmación personal y actitud vital. En esas estamos.
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Te lo creas o no, es de esas veces en las que puedes verte inmerso en una tendencia sin llegar a saberlo. El nesting tiene que ver con reencontrarse con el nido, aunque su significado más literal, en su mejor traducción, sea el de la preparación del nido para la inminente descendencia. Esta adaptación que lleva unas semanas dando tanto que hablar, y compartir, en realidad es un giro de aquel cocooning, impuesto en 1990 por Faith Popcorn, gurú estadounidense del marketing y las tendencias. El concepto observaba la reclusión del hombre moderno en su fortaleza, en su nido convertido en búnker ante el caos exterior. Una visión algo apocalíptica que tiene ahora su versión comercial.
Porque el hecho de que viajar a otros países, o sencillamente salir a tomar algo durante el fin de semana, suponga algún tipo de amenaza para conformarse con viajar desde el móvil o la televisión tiene sus lecturas. La crisis económica, la hiperconectividad y la madurez de una generación que casi no ha entrado en su propia casa explican el éxito de una campaña que se aprovecha de comportamientos más o menos naturales. El nesting, o el ser más vago que la chaqueta de un guardia de toda la vida, tiene ahora visos de reconocimiento social.
Recluirse en casa para que el estrés escampe significa redescubrir el hogar y, por añadido, darse a la repostería, a la jardinería o a la lectura, actividades gratificantes que atemperan el espíritu y son prescritas como beneficiosas para la salud. Claro, también está la decoración, porque no es plan de guarecerse en un salón feo o poco conjuntado que quede mal en una foto de Instagram. Y es que, a la postre, la idea del nesting no tiene validez si estos planes -y estas compras de un nuevo interiorismo- no son transmitidos vía internet.
Es por esto que se puede hablar de una estrategia inteligente que responde a sus propios intereses. Qué novedad esta necesidad de aparentar incluso dentro de tu propia casa. La intimidad se comparte desde una ventana global como la de las redes sociales. Con el hashtag nesting reforzamos nuestro sentimiento de pertenencia y nuestra reputación en la vida virtual ya que todos nos sentimos aludidos cuando la tarde pide peli y mantita. Es más barato, según se mire, pero desde luego el nesting no debería apaciguar nuestras ganas de viajar como siempre hemos querido.
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Ahora estar en casa está de moda? Será que nuestra economía no es super y para nosotros es algo habitual incluso disfrutando de ello