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¿Qué me ocurre si daño una obra millonaria?

Ocurrió hace varios años en la Iglesia Nueva de Ámsterdam. Una persona que visitaba una exposición dedicada al artista estadounidense de Jeff Koons tropezó sin querer con una esfera de aluminio pintada de azul, que acompañaba una copia del óleo Virgen con el Niño y cuatro santos, del pintor renacentista italiano Pietro Perugino.

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La esfera acabó hecha trizas y el visitante, un hombre mayor, completamente desconsolado. En realidad, un accidente de este tipo le puede pasar a cualquiera. La pregunta en estos casos es: ¿Qué me ocurre si daño una obra millonaria? No es una cuestión baladí ya que hay muchos antecedentes de obras de arte valiosísimas que acabaron destruidas involuntariamente.

La obra Marylin Monroe de Andy Warhol (Pixabay)

En 1993 un alumno tiró al suelo La escultura Bailarina (1925 -1930) de Alberto, expuesta en la colección permanente del Museo Reina Sofía. La sala de restauración de este museo se ocupó de arreglar la pieza, pero eso no evitó que los periódicos se hiciesen eco del incidente. Hace cinco años, una visitante del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de Sevilla rompió de manera accidental una de las vasijas de la instalación Ghost Gu Coming Down the Mountain, incluida en una exposición del artista y activista chino Ai Weiwei.

De nuevo, ¿qué hacer ante similar metedura de pata? ¿Huir o entregarse a la justicia? ¿Qué me ocurre si daño una obra millonaria? En realidad, casi nada. En España, por ejemplo, es el Estado quien cubre cualquier tipo de accidente que ocurra en las obras de la colección o dentro de la sede de los museos nacionales.

Interior de un museo (Pixabay)

En el caso de un artista invitado a una exposición temporal, tampoco la responsabilidad financiera del destrozo recae sobre el visitante. Siempre hay un seguro privado u otro de garantía del Estado. La responsabilidad última está siempre a cargo de la persona o la institución que pidió la obra. Este tipo de seguro integral se llama e la jerga museística “de clavo a clavo”. Esto significa que cubre la pieza desde su primera manipulación, hasta el traslado, la exposición con todos sus riesgos, incluidos los accidentes, además del regreso.

Eso no significa que el torpe visitante que destroza una obra de arte pueda irse del museo como si nada. En común que los servicios de seguridad de la institución afectada tomen declaración al autor del desastre para recabar todo tipo de datos y de información útil para dar parte al seguro. Además se visualiza a través de las cámaras lo que ha pasado para comprobar que fue un accidente. Ya hubo antecedentes de acciones vandálicas en los museos. En este caso, el asunto pasa a disposición policial.

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Interior de un museo (Pixabay)

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Bárbara Chacón

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