Cerveza Brugse Zot. Maria Eklind (Foter)
¿Por fin han puesto a Homer Simpson al mando del mundo? Esperad, pongámonos en situación que no hay por qué babear de gusto antes de tiempo. Hace un par de años leímos la noticia de que la empresa de cerveza belga De Halve Maan, una de las históricas de Brujas, había obtenido el permiso del ayuntamiento para construir una tubería subterránea que condujera la bebida desde la fábrica productora, en el centro de la ciudad, a su planta embotelladora, en un polígono industrial a las afueras.
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La solicitud partía de la necesidad de aliviar el tráfico rodado de camiones cisterna por el casco empedrado de la encantadora villa medieval. Sortear este problema logístico de transporte conseguiría reducir el número de camiones hasta en un 85%, mejorando sensiblemente los accesos y el paso por las callejuelas del centro de Brujas. Una cuestión medioambiental, también, así como económica y de convivencia que puede ayudar a mejorar la calidad de vida de los vecinos y la imagen turística de la ciudad.
Pero claro, la obra de tirar por los bajos de calles y canales un gasoducto de cerveza requería de una cuantiosa inversión. Y ahí la cervecería De Halve Maan echó el resto con una campaña de crowdfunding que ha logrado recaudar el dinero suficiente como para financiar la instalación de los 3,2 kilómetros de tubería por los que correrán unos cuatro millones de cerveza al año. Como para que se produzca una fisurita. ¡Qué desastre! Lamentablemente para los más glotones, esta tubería no estará conectada con los grifos de sus casas. La idea de ducharse en cerveza todavía tendrá que esperar.
Bélgica es un país muy cervecero y los vecinos de Brujas han sabido entender la importancia de dar una solución tecnológica al suministro de este producto sagrado. Las fábricas de cerveza artesanal son para ellos algo más que meros negocios privados hasta el punto de considerarse parte del patrimonio colectivo. Por todo ello se han volcado a la hora de dar pasta y salvar el escollo. Eso sí, no a cambio de nada, sino a cambio de cerveza. Según la cantidad aportada, el donante adquiere varios niveles de membresía: oro, plata y bronce, como en los Juegos Olímpicos. Los campeones traducen su metal dorado en forma de botella diaria de la marca Brugse Zot durante el resto de sus días. Una recompensa que desde aquí entendemos como justa.
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