Una noche en la ópera de Sydney

26 marzo, 2014 - Redacción

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Una noche en la ópera de Sydney

La Sydney Opera House es uno de los edificios más reconocibles del mundo. Un icono arquitectónico que es la seña de identidad más reconocible de una de las ciudades más espectaculares del planeta.

La Casa de la ópera de Sidney es uno de esos lugares que todos conocemos aunque jamás hayamos estado en él, aunque nos separen miles y miles de kilómetros… El espectacular icono de la ciudad, asomado a la Bahía, es obra del arquitecto danés Jørn Utzonen, y fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 2007. El edificio fue diseñado en 1957 e inaugurado en 1973, y en el se representan obras de teatro, ballet, ópera o producciones musicales. Es sede de la compañía Ópera Australia, la Compañía de Teatro de Sídney y la Orquesta Sinfónica de Sídney, y un lugar ya imprescindible en la vida de los habitantes de la ciudad, acostumbrados a su imponente estampa pero, sobre todo, a hacer suya una programación en la que caben desde las representaciones de ópera más espectaculares y clásicas a conciertos de bandas sonoras, pasando por compartir antes o después de las represantiones una cena o una copa en cualquiera de los bares y restaurantes del complejo -el más espectacular, el Opera Bar, con unas vistas inolvidables de la ciudad; y el más elegante, el Bistro Mozart.

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La historia del edificio se remonta a la década de los Cuarenta del siglo pasado, cuando las autoridades decidieron que la ciudad merecía un lugar mejor y más representativo para albergar a su Ópera que en el que se encontraba, que era el del Ayuntamiento. En 1955 se convocó el concurso, en el que participaron los mejores arquitectos de la época,  con unos criterios mínimos que eran espectaculares para la época: las propuestas debían tener una gran sala con capacidad para 3000 butacas y una sala de menor tamaño para unas 1200 butacas, además de espacios para grandes óperas, conciertos de orquestas, coros, conferencias, reuniones, representaciones de diferentes tipos… En 1957 se proclamó ganador del concurso a Jørn Utzon, que pasó así, por derecho propio y por la puerta grande, a la historia del arte mundial. Y es que el suyo fue un planteamiento brillante, con un diseño innovador para su día, con una serie de grandes conchas prefabricadas, cada una tomada de la misma semiesfera, que forman los tejados de la estructura.

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La construcción terminó en 1973, y las cifras impresionan: ocupa dos hectáreas, mide 183 metros de largo y 120 de ancho, y está construido sobre 580 pilares que se clavan 25 metros en el suelo. Las famosas conchas están recubiertas con más de un millónde azulejos, diseñados para que se limpien solos… Impresionante. Y la programación está a la altura del edificio, además de participar en la multitud de visitas guiadas que lo muestran a los visitantes. ¡Buen Viaje!

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