Porque sí, porque hay destinos que enamoran a primera vista, nada más pisarlos, y que permanecen en nuestra memoria para siempre. Pocos tenemos tan a mano con unas cualidades de fotogenia salvaje y belleza natural asombrosa como el Algarve portugués, ese al-Garb en donde muere la Península Ibérica a occidente de al-Ándalus. Sus playas infinitas, sus acantilados agrestes, sus grutas de roca caliza, sus valles frondosos y sus pueblos con encanto bañados por un sol que parece perpetuo. La joya de Portugal depara postales que son únicas.
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