2. La Majada, Cáceres-
Autovía A-5, km. 259 Camino de Portugal, o kilómetros de placer a través de las dehesas extremeñas dirección Sevilla o Cádiz a la altura de Trujillo, el hito señalado es este restaurante de condumio regional abierto hasta medianoche. Allí desfilan los filetes tártaros, los queso de Francia, los huevos fritos con patatas –tienen gallinas ponedoras y hasta los tubérculos proceden de su huerto-, los platos de caza y, faltaría más, todo lo que huela o sepa a cerdo ibérico. Menús diarios por 15 euritos.
“¿Dónde paramos a comer?” Es uno de los dilemas principales del viaje en coche, motivo de análisis y discusión con el buche vacío. Nuestro olfato siempre ha advertido que allí donde se agolpan los camiones allí hay que parar. Es un proverbio infalible, pero qué mejor que unos cuantos chivatazos para facilitar la operación restaurante de carretera que nos evitará muchos disgustos en forma de bocadillo de plástico o menú de franquicia. Estos son algunos de los templos de la comida casera a pie de cuneta en donde echar el freno de mano.
1. El Lagar de Milagros, Burgos–Autovía A-1 Madrid-Irún, km. 146
El cordero asado de El Milagros no es un secreto, es un must del viaje en carretera camino de Aranda de Duero, con permiso del clásico Landa. Los más nostálgicos de la parada y fonda tienen en esta posada que es mesón, tienda de exquisiteces, barra de tapeo y bocadillos y bodega de buenos Riberas un santuario en el que solo queda echarse la siesta después del lechazo. El asado en horno de leña se envasa al vacío para poder llevarlo a casa. Además, torreznos y huevos con morcilla.
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