En una cita cada gesto, cada palabra cuenta. Un error tonto puede llevarte al Paraíso de los Ligones o dejarte en como un paria de por vida. Uno de los detalles más revelador sobre tu persona es el modo en que pides la cuenta. La imagen que proyectas durante esos tres instantes decisivos es tan importante como el jersey que has pasado horas escogiendo. Entonces, no desestimes este momento y aprende de los errores ajenos.
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