Nos hemos acostumbrados a la piscina urbana. Como parte de la temporada veraniega más guay, queremos remojarnos en lo alto de nuestro hotel favorito. Pero la piscina también es territorio campestre. En el pueblo, aislada en mitad de la montaña o en la misma nada, la piscina rural siempre es bienvenida como uno de los principales alicientes de un puñado de hotelitos con encanto. Reivindicamos su valor.
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