Tal vez por estar lo más alejados posible y por evitar que nadie pudiera molestarles, a los monjes de las diferentes religiones no se les ocurrió otra cosa que construir sus monasterios en lugares absolutamente imposibles, prácticamente flotando en el aire. Cuesta imaginar cómo podían construirlos hace siglos en esos lugares. En Europa, Grecia se lleva la palma. Sus monasterios en Meteora, al norte del país, nos han dejado boquiabiertos.
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