1. Yo nunca he…
Un clásico entre los clásicos. Seguro que alguna vez has jugado. El grupo, en corro, con el vaso en la mano (mini o copa) bebe o no en función de una serie de enunciados que los participantes, por turnos, van emitiendo bajo la fórmula “yo nunca he…”. Para entendernos, mejor con un ejemplo. Alguien del grupo dice: “Yo nunca he mantenido relaciones sexuales con alguien de mi mismo sexo”. Quienes sí lo hayan hecho, deben beber un trago. El ejemplo no se ha tomado al azar, puesto que los enunciados suelen ser siempre de carácter ‘picante’ con el objetivo de averiguar las intimidades del resto. Obviamente, el juego está basado en la confianza de que la gente sea sincera, pero luego cada uno hace lo que quiere. El juego no tiene un final determinado, se acaba por aburrimiento o por borrachera.
Denostados por las voces más alarmistas, los juegos en los que se bebe (como penalización por perder en la mayoría de las veces) son más populares de lo que se cree, en especial por los más jóvenes. ¿Por qué? Fundamentalmente porque se trata de juegos que fomentan la comunicación, rompen el hielo entre desconocidos y obviamente desinhiben. Pero desde aquí queremos hacer un llamamiento a la mesura. Los juegos para beber están bien pero en su justa medida, es decir, nada de abusar del alcohol. Solo lo justo para estar ‘simpático’.

0 Comentarios