Salvador de Bahía: música, playas y gastronomía

10 marzo, 2014 - Redacción

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Salvador de Bahía: música, playas y gastronomía

El próximo Mundial de Fútbol va a llevar por todo el mundo el nombre de la capital musical de Brasil, Salvador de Bahía. Una bellísima ciudad repleta de encantos.

Dice una famosa canción que ¨El bahiano tiene a Dios en su corazón y al diablo en sus caderas¨, y así es. Salvador, la capital del estado de Bahía, lo fue también del país; y si algo la define -por encima de su vitalidad, de su riqueza cultural e histórica, de sus playas paradisíacas- es eso, su pasión musical, que se traduce en cualquier esquina donde suene el ritmo de una batucada.

Todo es música en Salvador, y no por nada es cuna de algunos de los mayores músicos brasileños (Gilberto Gil, Caetano Veloso, Joao Gilberto o Carlinhos Brown nacieron en ella). Los ritmos bahianos presentan una gran diversidad, gracias a la influencia ejercida desde los años de la Colonia por los europeos, los indígenas y los esclavos africanos. Influencias que se han mezclado y que han provocado nuevos ritmos, nacidos en la ciudad, como la samba, una mezcla de ritmos boleros con ritmos africanos (especialmente los procedentes del tam-tam de Angola), o la lambada, que inundan a cada momento la ciudad y que se concentran en la plaza más famosa de Brasil: el Pelourinho.

La plaza, en la que nunca faltan cuadrillas de niños tocando los tambores, toma el nombre de la estaca que se encuentra en medio de ella, el pelourinho, que es donde ataban a los esclavos para castigarles públicamente en los tiempos de la dominación portuguesa. El Pelourinho fue un importantísimo mercado de esclavos en la época colonial, luego zona marginada y degradada y, hoy, declarado todo el centro urbano como Lugar Patrimonio de la Humanidad, su escenario urbano más exportable y destacable. A esta explanada amplia, empedrada y en pendiente, la preside la Fundaçao -Casa de Jorge Amado -el premio Nóbel brasileño-, donde un pequeño bar con vistas a la plaza tras una ventana enrejada es el lugar idóneo para descansar con un helado, un zumo de naranja o una cerveza bien fría. Adyacente al hogar del escritor se encuentra el Museu da Cidade, el lugar perfecto para conocer la apasionante historia de la ciudad. Además, muy cerca está uno de los cafés con más encanto de la ciudad el O Cravinho, en el Terreiro de Jesús, con una infinita colección de cachazas, el licor tradicional brasileño.

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Mientras las playas de la ciudad baja son bañadas por las aguas de la Bahía de Todos los Santos –que es la bahía más extensa del país, con algo más de mil kilómetros cuadrados- las playas de la ciudad alta, desde el Farol da Barra hasta Flamengo, son bañadas por el océano Atlántico. La excepción es la playa de Puerto de la Barra, única playa de la ciudad alta que está ubicada en la Bahía de Todos os Santos y uno de los lugares más animados de Salvador, donde están situados muchos de los hoteles. Todas ellas son lugares idóneos para disfrutar del más genuino carácter seropolitano (como se llaman los nativos de Salvador), en las que tumbarse y degustar exquisitos mariscos o cangrejos -casquinhas de sirí-, o tal vez un caldo de sururú, acompañados inevitablemente por unas cervezas Brahma bien heladas o una refrescante agua de coco.

560px_Praia de Itapua_ Mario Carvajal

Y es que en Salvador se come mucho, y muy bien: y el mestizaje es el protagonista de la que tiene fama de ser una de las mejores gastronomías de Madrid. Toda la herencia africana, criolla e indígena se concentra en platos como el acarajé (una especie de pan relleno de frijoles, cebolla frita, camarones y pimienta, frito en aceite de palma), las moquecas (pescados y marisco con leche de coco y aceite de dendê), los cangrejos (grandes, llamados casquinhas)… y, naturalmente, el tentempié preferido por los bahianos para combatir el calor: los cocos que se ofertan por muy poco dinero en prácticamente cada esquina de la ciudad. ¿Una buena elección? El famoso restaurante Ki-Mukeka (Rua Abelardo Andrade de Carvalho, 87) y el Soho (R Rubens Guelli, 135). ¡Buen viaje!

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