Todavía quedan días para el sorteo más esperado. Pero tienes un pálpito y hay que ir planificando el despiporre una vez vivas en tus carnes el anuncio de la lotería. Te va a tocar el Gordo y ¡no se hable más! Aunque nada de tapar agujeros, te mereces que te mimen. Porque tú lo que necesitas es un hotel, pero uno de ensueño. Lujo sin zarandajas, que para eso eres un nuevo rico. Eleva a arte el concepto “a la bartola” y empieza bien el año en cualquiera de estos 10 hoteles Deluxe para dar envidia a tus pobres amistades. Te damos las razones para que elijas.
Ah, y si no te toca ni la pedrea… Ajo y agua, habrá que contentarse con seguir soñando porque alguna vez necesitarás esta valiosa información.
Ponerse en remojo, arrugarse y que pasen las horas. ¡Qué delicia! Pues este histórico balneario a orillas del lago Zurich nos parece un lugar imbatible para que no hagas otra cosa. Con más de un siglo de historia en sus muros, el hotel fue recientemente rediseñado por el arquitecto Norman Foster. Tanto mejor… Ponte el albornoz y disfruta del mejor espacio del hotel: 4.000 metros cuadrados de spa con una piscina curva de 25 metros de largo. Y a vivir…
Vistas hay muchas. A las montañas, al mar, al desierto, a las estrellas… Pero tú quieres estar en el centro del mundo y ese lugar es Nueva York. Pues nada, sube al piso 54 de este rascacielos que tu Taipan Suite te está esperando. Toda la elegancia de la cadena Mandarin Oriental más unas vistas panorámicas a Central Park, al río Hudson y al skyline de Manhattan. ¡Como para bajar las persianas!
¡Basta de frío! Tú lo que quieres son palmeras, paisajes templados, trópico, piñas coladas, olor a protector solar. Menudo placer es irse al otro lado del mundo para darse un chapuzón en una buena piscina sin que deje de ser diciembre. Entre jungla y arrozales, Ubud esconde piscinas de locura en hoteles de diseño. La infinity pool de este hotelito de la cadena Alila es una de las que más nos seducen. Pero para placeres, colgar las fotos de tu bañito en Instagram para que tus colegas puedan morir de rabia. Vas a hacerlo ¡y lo sabes!
Lejos de casi cualquier cosa. Porque el caso es huir, huir bien lejos del mundanal ruido, del vecino, de Hacienda, de todo… Para encontrarte en este impresionante pero remoto Amanresort, los que quieran echarte el guante tendrán que atravesar la meseta tibetana e internarse en las estribaciones del Himalaya hasta los valles del reino budista más aislado. Si lo consiguieran, siempre puedes disimular haciéndote pasar por un monje mientras lo que en realidad haces es disfrutar de los lujos terrenales de un resort de interiores delicados y exteriores estremecedores. Te convertirán en un maestro de la contemplación.
No hay una razón concreta, o al menos no una sola por la que elegir este hotel. Bueno, mentimos. Esa razón es París, siempre París. Date el capricho que has soñado toda la vida y márcate una escapada a la ciudad más romántica durmiendo en un hotel parisino hasta el tuétano. Sus lámparas de cristal, sus frescos, sus tapicerías lujosas, sus muebles Luis XVI, su mármol de Carrara, su gusto… Refinamiento máximo con vistas al París monumental, Torre Eiffel al fondo. Una vez en la vida… Le Bristol.
Que sí, que te lo has ganado, que si quieres, puedes. No te cortes y consulta disponibilidad en la web del hotel más excesivo del mundo. Porque, no disimules, en el fondo te gustan los dorados más que comer con los dedos, sabemos que un hotel bañado en oro es pura tentación para tus sentidos. El que fuera en su momento el hotel más alto de la tierra, el que algunos lo siguen considerando el único hotel de siete estrellas del mundo –en realidad tiene seis gran lujo- hoy se “contenta” con seguir siendo el símbolo que mejor representa la ostentación dubaití: arquitectura loca, mucho Rolls-Royce, bodas en el helipuerto a más de 200 metros de altura, suites de cuento, iPads de 24 quilates… Abstenerse espíritus sobrios.
Ya que estamos, ¿cómo no recomendarte este hotel de hoteles? Pasan los años y pocos pueden competir con este templo de la hospitalidad árabe, un palacio que todavía cautiva por el magnetismo de su historia, la delicadeza de sus detalles, el poder evocador de sus jardines. Tanto si te toca el Gordo como si no, nunca deberías renunciar a entrar en sus salones, pedir un té y sentirte único. Una leyenda.
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