¡Todos al campo! Las primeras escapadas del año tienden a encaminarse hacia destinos alejados del mundanal ruido, del barullo de las ciudades. Una receta infalible es tomar nota de los hoteles rurales que nunca fallan, que jamás decepcionan porque cuentan con una sabiduría consumada, con un encanto en perfecto estado de revista, con entornos únicos en los que la naturaleza siempre es su mejor aliada, con una mesa y mantel reconfortantes, con lechos de efecto adormidera y una paz a prueba de pájaros cantores. Veteranos y clásicos en la plena forma, ilustres de la hospitalidad campestre, referentes de nuestra memoria hotelera, estos son alojamientos rurales míticos para perderse en ellos.
La marca Relais & Châteaux distingue a esta
También se peregrina hasta este
El factor diferencial de este alojamiento rural reside en que en realidad responde a la transformación de una aldea perdida en el
Los fans de lo rústico, las recetas alcarreñas y, claro que sí, los molinos tienen en este capricho un escondite perfecto en el que dedicarse a no hacer (casi) nada. Muy cerca de Sigüenza pero rodeado de la naturaleza del valle del
Un hotel rural a todo color, por cortesía del artista decorador Paco Entrena que dotó a esta
Una tierra como el
Esta vez es una
Una institución, rural sí, pero de hospitalidad bendita al tomar parte de un antiguo
Difícil encontrar un hotel de esta enjundia que va más allá de una finca de frutales y una casa de campo, sino que reúne la personalidad de un
Una demostración sensorial depara sobre todo en primavera este hotelito fruto de la rehabilitación de un cortijo-almazara del siglo XVIII perdido en la serranía rondeña. Olivos centenarios y un jardín primoroso protagonizan el envoltorio de patios encalados que, entre sol y sombra, dan paso a unas habitaciones encantadoras. Ni un pero.
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