La tendencia a la tematización y la causa de los hoteles freak impulsan la proliferación de viejos recintos penitenciarios reciclados en forma de alojamientos extremos e incluso de lujo. Todo porque siempre hay gente que busca una estancia experiencial diferente a lo acostumbrado. Diferente, esa es la palabra. Dormir en una celda entre barrotes es posible sin cumplir una condena pero pagando por cama y rancho. Perdón, desayuno. Estos son los hoteles que recomendamos para pasar un ratito «a la sombra».
Un buen ejemplo de cómo un pasado carcelario puede revertir en alojamiento lujoso y con glamour. De hecho, los barrotes de la antigua cárcel Charles Street, edificada en 1848, todavía forman parte del escenario hotelero para darle más autenticidad a la experiencia. En 2007 arrancó su nueva vida como hotelazo de tres centenas de habitaciones y unas cuantas suites de postín elegantón y moderno.
Un inmenso atrio con piano-bar lo que fue patio de la cárcel y su restaurante coctelería Clink, son sus bazas más conseguidas.
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