Destinos

El verdadero motivo por el que dormir en un hotel es placentero

La experiencia de viajar, sobre todo si se trata de un viaje de placer y no por trabajo, nos hace felices por más cosas de las que quizás creemos. En el fondo sólo se trata de hacer algo que a veces nos asusta mucho: pararnos a reflexionar. Si lo hacemos -todo viaje invita a que lo hagamos- nos daremos cuenta de que viajar no sólo significa descubrir nuevos lugares o volver a ver los que ya no conocemos, sino también conocer mejor a quien nos acompaña en el viaje… y a nosotros mismos.

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Una pareja se despereza en la habitación de un hotel (iStock)

 

 

 

 

 

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Como tampoco es cuestión de ponernos en modo “trascendente”, vamos a ir a lo concreto: la verdadera razón por la que dormir en un hotel es más placentero. En realidad hay más de una: cortar con la rutina, cambiar de habitación, pensar en el desayuno de la mañana siguiente, tener probablemente más tiempo para descansar… Sin embargo, hay un detalle de lo más sencillo en el que pocas veces reparamos y que ayuda más de lo que imaginamos a que dormir en un hotel nos parezca un lujo: el color de las sábanas. Tal cual.

Una trabajadora de hotel prepara la cama de una habitación (iStock)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Qué tienen en común las camas de la gran mayoría de los hoteles de todo el mundo, con independencia de las estrellas que tengan? Pues eso, que sus sábanas son blancas. Décadas atrás, en cambio, las sábanas de las camas de los hoteles no siempre eran blancas y tenían otras tonalidades.

Las sábanas blancas de los hoteles tienen una connotación de lujo (iStock)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ahora es difícil concebir que, al entrar en la habitación del hotel que hemos reservado y en el que vamos a alojarnos, las sábanas no sean blancas. Cuanto más blancas sean las sábanas, mayor será nuestra sensación de exclusividad y de disfrutar de una lujosa experiencia. Incluso aunque el hotel no sea precisamente de 5 estrellas…
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Jorge Aznal

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  • Estando de viaje, de placer, en Budapest, día de llegada, nos llevaron a un hotel, de cuatro estrellas, que en realidad, más parecía de dos. Luego, nos trasladamos a Praga. Más tarde, volvimos a Budapest, a una noche más, y ya después de las protestas del día de entrada, ya si nos llevaron al hotel, que teníamos contratado desde el principio, un hotel, relativamente nuevo, todo amplio, con manteles de tela, y no de papel, además de buena mesa, buenos alimentos, habitaciones enormes, y un servicio impecable, y no como nos metieron los primeros tres o cuatro días, que parecía un hotel deprimente!!!

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