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Las 6 ciudades más altas del planeta

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Pocos nombres le irían tan ajustados a la ciudad más alta de nuestro particular ranking: El Alto, en Bolivia. Se trata, en realidad, de una vasta población del área metropolitana de La Paz, junto a la que forma el núcleo urbano de mayor extensión y altitud del globo. Desde El Alto se puede contemplar la vasta extensión de tejados (y cumbres nevadas) de la capital del país andino o, por qué no, un combate de lucha libre entre enmascarados.

Además de una de las más altas, Potosí fue, ya la época colonial, una de las ciudades más grandes del mundo gracias a su riqueza minera. La que atesoraba, y parece atesora todavía (se sigue escarbando en sus laderas) el omnipresente Cerro Rico, visible desde prácticamente cualquier rincón de la urbe. Hoy se pueden visitar sus minas ya extinguidas en clave turística para, después, acercarse hasta el fascinante Salar de Uyuni, ubicado a unos 200 kilómetros hacia el oeste.

Ubicada junto al Yarlung Tsangpo, uno de los grande cauces del Himalaya, que, desde el sagrado monte Kailash, fluye paralelo a la cordillera más alta del planeta, Shigatse es un enclave religioso debido al monasterio de Tashilhunpo, hogar del Panchen Lama, la segunda figura más importante dentro del budismo tibetano.

Vista desde arriba, Puno no parece una ciudad atractiva, pero es la puerta para uno de los amaneceres más estimulantes que existen: ver salir el sol sobre las aguas del Titicaca, el lago navegable más alto del mundo, a casi 4.000 metros de altitud. Solo hay que abrigarse bien (hace mucho frío) y tomar la receta local contra el soroche (mal del altura): un poco de coca, en infusión.

Hay que reconocerlo, esta población de la región india de Ladakh no cumple las premisas iniciales: probablemente no cuente ni con un centenar de casas y, además, supera en altitud a las precedentes. Pero después de contemplar su ubicación, al borde del lago Tso Moriri, ¿quién no querría visitarla y saltarse a la torera tanto ranking viajero? Una vez que nos animemos, hay que acercarse al monasterio budista, establecido hace unos 300 años, y asumir ciertas incomodidades: los visitantes solo pueden dormir en tienda.

Cerramos nuestra ruta sin abandonar el Himalaya, porque Lhasa, capital del Tíbet, es la última parada. Rodeada por cerros y montañas, a pesar de que en la capital del país budista –invadido por China hace ya muchas décadas– cuesta respirar, hay que hacer un esfuerzo para visitar el palacio de Potala, antigua residencia del Dalai Lama, patrimonio mundial de la Unesco y edificio fetiche de uno de los arquitectos más importantes del siglo XX: el estadiunidense Frank Lloyd Wright. El palacio se levantó en el siglo XVII en la colina de Marpo Ri (la montaña roja), a unos 4.000 metros de altitud.

Última actualización 7 de julio de 2015

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Jordi Pastor

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