Las 8 cosas que puedes hacer en Ibiza lejos de la tumbona y la fiesta infinita

22 julio, 2015 - Miguel Á. Palomo

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Las 8 cosas que puedes hacer en Ibiza lejos de la tumbona y la fiesta infinita

Lo sabemos bien, la más grande y frenética de las Islas Pitiusas no puede desconectar su poderoso imán hedonista con el que nos atrae verano a verano. Resuena el ritmo dance de su fiesta ininterrumpida pero Ibiza es mucho más que Space y Pachá. Es tradición e historia, paisajes rústicos de interior, rincones pintorescos alejados de la masificación.

1. Hacer yoga frente al atardecer

Hay que controlar cuerpo y mente para no entregarse en sacrificio a los templos del pecado nocturno, así que nada mejor que hacerse yogui por unos días y practicar el saludo al sol en las casonas de Ibiza Yoga o en el hotelito Atzaró. Por supuesto, también a pie de arena en las playas y calas de la isla como en Cala d’Hort, con Es Vedrà recortada al fondo.

Yoga / Foto: Yoga Retreats

2. Callejear por Dalt Vila

La jornada de paseo da mucho de sí ya que lo suyo es perderse en el intricado laberinto de callejas empedradas de la Vieja Ibiza. Intramuros de la fortaleza, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, mejor olvidarse del mapa y dejarse llevar hasta dominar sus vistas, sus edificios históricos, sus galerías de arte y sus terrazas más que animadas.

Dalt Vila / Foto: Tupolev und seine Kamera

3. Practicar agroturismo

Una experiencia de hospedaje muy diferente y alternativa a la típica que nos ancla a la playa y al desfase -tipo Ushuaïa o Hard Rock- es poner rumbo al interior y hacer noche en cualquiera de sus muchos y encantadores hotelitos con huerta y labranza. Casas payesas pulcramente encaladas y arquitectura ibicenca como Can Lluc, Ca n’ Escandell, Es Cucons o Cas Gasi.

Agroturismo

4. Irse de cuevas

Uno de los planes más socorridos y agradecidos es ponerse en modo espeleólogo y visitar algunos de los puntos más primitivos de la isla, como la cueva Can Marçá o la cueva Ses Fontanelles. La primera, en Sant Miquel, tiene más de 100.000 años de antigüedad; la segunda, en los acantilados que se alejan de Sant Antoni de Portmany y accesible desde Cala Salada, esconden pinturas rupestres que datan probablemente de la Edad de Bronce.

Cuevas

5. Sentirse hippie de mercadillo

No es difícil imbuirse de ese aire bohemio tan contagioso y que los mercadillos de la isla ayudan a perpetuar desde los felices sesenta. El de Las Dalias, tal vez el más auténtico, tiene una vida más corta desde que arrancara en los años ochenta pero conserva su magnetismo y, además de los sábados, abre de noche los lunes y los martes de casi todo el verano. Perfecto para la blanca y vaporosa pasarela de moda Adlib.

Mercados

6. Aporrear los tambores de Benirràs

De nuevo la influencia hippie se hace notar. La cita en una de las mejores playas de Ibiza congrega en verano cada domingo por la tarde a un puñado de tamborileros y la consiguiente turba curiosa de acompañamiento para despedir al astro sol. Al final, la ceremonia no puede ser más multitudinaria y en noches de luna llena mucho más. Y es que no siempre se puede escapar de la fiesta.

Benirràs / Foto: Cordula's

7. Entregarse a las delicatesen locales

La mejor dieta ibicenca es alejarse de los excesos y centrarse en los muchos y bien ricos productos gastronómicos de la Isla Blanca. Por ejemplo, y sin abusar, probar el licor de hierbas o el vino, acompañado de un buen flaó o pastel de queso.

Flaó / Foto: www.eladerezzo.com

8. Huir a Formentera

Si lo has intentado pero son demasiadas las tentaciones, tienes una única salida: coger el ferry a la más tranquila y plácida Formentera. A veces una retirada a tiempo…

Formentera

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