No es porque lo digamos nosotros, es que salimos a la calle y comprobamos que se está reivindicando el papel de ocio diurno de los bares y las bodegas de toda la vida. Como una versión más de la vuelta a los orígenes, del tsunami retro, de los modelos gastro en tiempos de crisis o del potencial socializador de siempre, lo cierto es que el aperitivo en barra es una costumbre imbatible que resurge con más fuerza que nunca. En tabernas con solera o en nuevos locales de espíritu moderno, no nos permitimos llegar tarde a la hora del vermut de grifo y artesano acompañado de tapa y banderilla. Revival o no, el vermouth, esencia mediterránea de vino con hierbas y flores, ha vuelto para quedarse. ¡Somos mañaneros, somos vermuteros!
¿Por qué? Porque el vermut, como fenómeno fan, también se contagia de la tendencia deslocalizadora y en clave hipster del pop-up.
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